Leo en un artículo para el periódico “Cinco Días” en el que se barajan diferentes estrategias para hacer frente a la crisis económica derivada de la crisis sanitaria del coronavirus, que una de las necesidades que tiene España para llegar a ser una verdadera economía moderna, competitiva e innovadora, según Miguel Otero Iglesias (investigador principal del Real Instituto Elcano), es la de “desarrollar una mayor cultura de la cooperación”, y que se requiere hacer “un cambio más profundo como sociedad”:  Llegar a acuerdos, ceder, transigir y cooperar son conceptos pendientes de incorporar al comportamiento general. “Habría que empezar por las escuelas”, dice Otero Iglesias, y extenderlo después a todo el tejido social y económico, creando mecanismos que faciliten esa cooperación, siendo el último escalón el de la política, “que debería ser un ejemplo de la cultura del compromiso”.

No puedo estar más de acuerdo con esta reflexión, aunque no sé si la política debería ser el último escalón, o más bien el primero, ya que, como representantes de los ciudadanos deberían ser ejemplo de colaboración en pro del bien común. Tampoco creo que deba haber escalones ordenados secuencialmente, sino que más bien sería un trabajo a realizar de forma simultánea en todas las áreas. Pero lo que es innegable es que, más allá de las necesarias reformas en el tejido económico, el reenfoque hacia una economía sostenible, la apuesta por la innovación y la creación de valor añadido, es absolutamente IMPRESCINDIBLE que exista colaboración y cooperación en todas las áreas. Frente a la cultura individualista y de feroz competencia, frente a la cultura de opuestos enfrentados, es necesario trabajar para conseguir una cultura de opuestos complementarios, entender que una negociación no es una batalla de unos contra otros en la que sólo una parte resulta vencedora, sino un diálogo de entendimiento para comprender las posibles reticencias de cada parte, sus legítimas aspiraciones y conseguir acuerdos (terceras, cuartas o quintas vías) en los que todos se sientan razonablemente cómodos.

Hablaba Otero Iglesias de ceder y transigir, verbos estos que están actualmente asociados a debilidad. Evidentemente, ni es bueno ceder siempre, ni tampoco lo es ser un intransigente y por eso creerte más fuerte que los demás. Justamente son las personas fuertes y seguras de sí mismas, con claridad en sus objetivos, quienes saben discernir en qué momentos es más conveniente ceder en determinados aspectos menos importantes para alcanzar los objetivos verdaderamente importantes y, además, comprenden que colaborar con otros no les hace débiles y necesitados de ayuda, sino que les permite avanzar más rápido y llegar más lejos sumando fuerzas. Altura de miras se llama.

Además, para conseguir llegar a acuerdos, debemos basarnos en una comunicación real, es decir, un proceso en el que el objetivo sea entender al otro y hacerme entender y, por tanto, bidireccional: se expresa y se escucha. Pero en la comunicación sucede un poco el mismo problema ya mencionado, el del individualismo: hablar sólo para que los demás me escuchen, pero sin intención de realizar una escucha activa, empática hacia el otro. En estas circunstancias no existe diálogo, ni debate, ni colaboración, ni acuerdo posible, ni mucho menos capacidad de avance. Cuando el diálogo se sustituye por monólogos sucesivos, se produce un absoluto estancamiento.

En los cursos de comunicación efectiva que imparto junto a otros profesionales de la comunicación y la oratoria, los alumnos se suelen sorprender y la frase que normalmente escuchamos los docentes es “pero es que hay que tener un montón de cosas en cuenta” o “eso es mucho trabajo, yo no tengo tiempo, yo lo que quiero es que me hagan caso y ya está”. Efectivamente, comunicarse de forma real requiere tener muchas cosas en cuenta (y no sólo mi propio ombligo) y también cierto esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a hacer, pero a cambio se consiguen unos resultados de un gran valor.

¿Y tú? ¿quieres iniciar este avance hacia una cultura de diálogo y colaboración?


0 commentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *